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ARGENTINA: NUESTRO PRINCIPAL ENEMIGO |
Nuestros "hermanos" argentinos rechazaron la extradición del asesino y terrorista Galvarino Apablaza, mostrando una vez más que no corresponden en absoluto la enfermiza buena disposición que tanto las autoridades "chilenas" como muchos compatriotas despistados, manifiestan hacia el país atlántico.-
Hasta este momento el actual gobierno no había recibido, como ocurriera sistemáticamente con todos los anteriores, los desaires de los che, salvo que consideremos como tal el vergonzoso episodio en que Piñera fue menospreciado por el inflado e inepto entrenador de "la roja" cuando La Moneda cayó en la simpleza de homenajear(¡!) al equipo nacional por su fracaso en el mundial de Sudáfrica.-
Hay que reconocer sí que el presidente se ha conducido, en el caso Apablaza, con un poco más de firmeza en comparación con los timoratos gobiernos precedentes.- Sin embargo, ello no es suficiente; se debe responder a esta nueva ofensa tomando medidas concretas contra los argentinos que se desempeñan en innumerables actividades en Chile, volviendo a chilenizar, en primer lugar, el deporte y la televisión, y sancionando drásticamente a los traidores argentinófilos que abundan entre politicastros, "intelectuales", y en los medios de comunicación masivos.-
Insistir en la extradición del antisocial mencionado podría ser una "payasada", como lo señalara el judío Timerman, canciller(¡!) argentino; quizás si en lugar de enfrascarse en esa disputa, sería preferible y más provechoso que el gobierno procediera como se indicó anteriormente, reduciendo a lo imprescindible las relaciones entre ambos países.-
Además, no debemos olvidar la misión central e irrenunciable de los auténticos chilenos (sin importar cuánto ello demore): recuperar el inmenso territorio nacional usurpado por el expansionismo argentino.-(slch)<05/10/2010>
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OCASO DEL ESTADO ANTICHILENO |
La huelga de hambre que lleva adelante un grupo de individuos que se dicen representantes del sector mapuche de nuestra sociedad nacional, ha puesto en evidencia una vez más la debilidad e incompetencia del Estado antichileno.- Esta organización política, que se ha convertido con el paso de los decenios y siglos en una entidad ajena y contraria a la idiosincrasia, necesidades y aspiraciones de la Nación chilena, está cosechando lo que ha sembrado gracias a sus históricos errores y negligencias.- No sólo no ha cumplido con la función unificadora que le correspondía desempeñar, peor aún, ha contribuido con su torpeza y malos manejos a generar e incrementar un ambiente de división al interior de nuestra sociedad.-
La Nación chilena, con sus casi quinientos años de existencia, fue fundada por Valdivia y su gente, y por Lautaro y la suya; de ahí resultó una comunidad huinca-mapuche que debió haberse robustecido con el tiempo.- No obstante, los ajetreos electoralistas y la ambición política de la clase dirigente, la concentración del poder en Santiago, más la llegada de miles de inmigrantes que tenían por misión ocupar las zonas abandonadas por el Estado central, fueron generando una mentalidad muy distinta de aquella integradora que prevalecía en los primeros tiempos de nuestra Patria; el mapuche ya no era un compatriota sino una molestia para la codicia de los nuevos pobladores del territorio, y por lo tanto debía ser sometido por las buenas o por las malas, a una situación de semiesclavitud, pasando el suelo a manos extrañas con la complicidad del Estado.-
Qué podía resultar de esta arremetida contra los más chilenos de los chilenos, sino el resentimiento y la rebeldía hacia aquellos “compatriotas” burócratas que los oprimían desde sus cómodas y relucientes oficinas de la capital, y por extensión e ignorancia, hacia todo el sector “huinca” de nuestra sociedad.- Porque aquí no estamos frente a un choque de culturas, como ha pretendido una clase política que en lugar de trabajar por la unidad del pueblo chileno, promueve su desintegración, sino ante problemas sociales que no solamente afectan al elemento mapuche sino a miles y millones de pobres en nuestro país.- Obviamente, al Estado le conviene plantear las reivindicaciones del sector mapuche de nuestra sociedad, como demandas “étnicas” de un pueblo distinto al “chileno” - acicateando con ello los apetitos separatistas de algunos dirigentes despatriados -, porque de esa manera no se ve forzado a reconocer que todo este desastre se debe al desgraciado fracaso en el cumplimiento de su obligación de llevar prosperidad e integración a todos los rincones del país.- Tan nefasto proceder estatal se ve complementado por la acción de despreciables agitadores extranjeros y terroristas que se han infiltrado en el campo mapuche, los cuales buscan radicalizar el conflicto con el fin de instalar la inestabilidad social en Chile y de ese modo favorecer los intereses económicos e ideológicos de potencias y grupos extranjeros.-
Hemos escuchado a los voceros de los huelguistas señalar que ni ellos ni sus mandantes son chilenos, ni quieren serlo.- Si lo dicen por considerar equivocadamente que la chilenidad la otorga el Estado, los entendemos perfectamente; pero si lo hacen por considerarse formando parte de una nación distinta al pueblo chileno huinca-mapuche, sólo cabe advertirles que quien por este último motivo no se sienta uno de los nuestros, no tiene otra alternativa que salir del territorio nacional.-
A tan graves circunstancias nos ha traído un Estado que tuvo la desfachatez de “celebrar” recientemente - a vista y paciencia de un escarnecido pueblo chileno - sus 200 años de existencia, sin reparar en que durante esas dos centurias nuestro territorio se ha reducido a menos de la mitad del que poseíamos en 1810; se ha convertido a Santiago en un verdadero agujero negro que devora recursos, población y soberanía territorial y política; se ha desintegrado irresponsablemente a la nación en sus elementos componentes aún no entremezclados, bellaquería que hoy hace crisis en la VIII y IX Regiones; y se ha abierto las fronteras nacionales, permitiendo que miles de individuos extraños ingresen al país, consumiendo bienes destinados a satisfacer necesidades básicas de nuestra comunidad y, lo más lamentable, entorpeciendo el necesario logro de la homogeneidad racial, requisito previo e indispensable para alcanzar la ansiada unidad nacional.-
Los chilenos han caído una vez más en la trampa tendida por el Estado actual, participando desaprensivamente en la conmemoración de su segundo centenario, a pesar de que, como hemos repetido por años, en septiembre hay mucho más que lamentar que aquello que es digno de ser celebrado.- Pero tenemos muy claro que asistimos al ocaso del Estado antichileno, y que se acerca la hora en que la Nación huinca-mapuche concurrirá jubilosa y sobriamente a festejar el primer año del nuevo Estado Nacionalista.-(slch) <27/09/2010>
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¿ES EL NACIONALISMO UNA UTOPÍA? |
En primer lugar habría que señalar que las ideas nacionalistas no han sido elaboradas a partir de una concepción antojadiza del Hombre; por el contrario, son consecuencia de la observación cotidiana de los múltiples e innecesarios padecimientos de los habitantes del planeta, derivados de la difusión de una idea intencionadamente equivocada acerca de su especial naturaleza y de una completa ignorancia sobre la real idiosincrasia del ser humano, en lo que respecta a la mayor parte de la población mundial.-
El verdadero Nacionalismo - tildado de ridículo, utópico, y hasta demoníaco, por los medios al servicio del poder mundial - busca el reencuentro del Hombre con su esencia.- Su intención es recuperar la condición natural del ser humano, reinsertándolo en el único conglomerado susceptible de darle algún sentido a su existencia: la Nación, concebida ésta como la agrupación espontánea de individuos que reconocen un origen común.- Nuestro nacionalismo quiere reconciliar al chileno con su carácter comunitario, arrancándole de las garras de un sistema que le reduce al ambiguo estado de ciudadano planetario, y en donde además le piden y exigen que actúe de manera diametralmente opuesta a sus naturales inclinaciones y a la manera como le formaron. ¡Eso sí que es una utopía! (slch)
(Leer más en Sección Editorial)
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