Chile no está la obligado a destacar en un deporte profesional determinado; para nosotros tiene mayor importancia que cada disciplina deportiva, como cualquier otra actividad, aporte a la unidad nacional y al bienestar de cada uno de nuestros compatriotas. No importan los resultados obtenidos ahora en la alta competición; si estos son buenos, excelente, pero lo que nos interesa es cuánta actividad física desarrolla el ciudadano común. El médico Hans Betzhold, en su libro Eugenesia, manifiesta su preocupación sobre este tema, allá por 1939, señalando: “(..) asoma de vez en cuando por ahí algún estadio desproporcionado que cuesta millones, en donde sólo en días festivos, unos varios miles de espectadores observan cómo hace deportes una docena de sanos”. En estos días la situación es bastante diferente y mucho más dramática: la misma cantidad de sanos realiza deportes principalmente los fines de semana, pero los espectadores, que hoy son multitudes, se contentan con presenciar el espectáculo por la televisión y desde sus casas, consumiendo una nada de despreciable cantidad de comida chatarra. No se justifica entonces que algunos clubes y el Estado proyecten la construcción de estadios de gran capacidad que difícilmente podrán ser llenados; preferible sería dedicar las platas que se va a invertir en esos coliseos, a construir complejos bien implementados y destinados de manera preferente a la actividad física de todos los chilenos, sin distinción.
Debemos preocuparnos también por la condición de salud con que nuestros compatriotas enfrentan el deporte (fútbol, la gran mayoría) que realizan como aficionados. Al respecto, el doctor Betzhold, hace 70 años, expresa en la obra citada: “Recuerdo a un gañán que decía: ’Los domingos me los llevo chuteando, para pasar el hambre.’” Con el salario mínimo actual, el alza implacable de los productos básicos y las crisis económicas cíclicas desatadas por los especuladores, no nos quepa la menor duda de que gran parte de los deportistas de fines de semana, llega mal alimentado, y generalmente distrae el crujir de su estómago con una cerveza antes del partido y otra después del pitazo final. En estas condiciones el ejercicio físico es más dañino que positivo.
Plantea además el médico Hans Betzhold, que en Chile fue la mayor autoridad en eugenesia de su tiempo, lo siguiente: “El deporte que propiciamos para el pueblo es un deporte de masas; tiende a acrecentar la capacidad física del hombre común y no a los récords de unos pocos individuos extraordinarios.”
El mismo año 1939, en el mensaje del 21 de mayo, afirmaba a su vez el Presidente Pedro Aguirre Cerda: “..Os conjuro a creerme que sabré respetar fielmente mi Juramento Constitucional y que será mi preocupación constante fortificar la raza..” (transcrito tal como figura en el libro Eugenesia). Recordemos que el ministro de salud en ese momento era Salvador Allende, el cual compartía plenamente las ideas del doctor Betzhold, aunque esto les duela a ciertos marxistoides que aún circulan por ahí.
Imaginemos cuál habría sido la reacción de estos personajes, si hoy vivieran y fueran consecuentes con lo que pensaban en esos años; seguramente desaprobarían con fuerza el gasto inútil en que incurrió el fútbol al contratar un caro DT argentino para que adiestre a una veintena de deportistas, cuyas aspiraciones son apenas llegar a participar en un campeonato mundial. Ningún beneficio obtendrá Chile si nos dedicamos a preparar un puñado de atletas de nivel planetario. Es más importante solucionar el sedentarismo que enferma a millones de chilenos, la obesidad que apenas permite moverse a miles de los nuestros, los malos hábitos y vicios de la juventud (como la excesiva ingesta alcohólica y la droga), lo que incluso se da entre los deportistas profesionales. Queremos un pueblo sano, alegre, despierto, bien hablado, provisto de una sólida inteligencia, sostenida por un cuerpo robusto y ágil, y defensor orgulloso de su nacionalidad . (slch)
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